Es intersante ver cómo se manejan las relaciones entre las personas. Con lo complejas que son, hoy quiero conversar solamente de un aspecto de ellas. El que se refiere a las fidelidades.
Esta noche me encontré casualmente con la amante de mi ex-amante. Posiblemente ya sea también ex-amante, como yo lo soy ahora y lo era para ese entonces. O puede que ahora sea amante al encubierto; quiero decir, aún más que antes, porque según supe esa relación fue descubierta hace varios años atrás. Puede que luego de eso, haya sido bajada al nivel del entierro… Ese nivel de las relaciones restrictas a entornos específicos de encuentros sexuales carentes de intimidad real… Bueno, realmente no lo se.
¡Anyway!, como diría mi tía Aida, el asunto es que estaba ella sentada a la entrada de donde yo entraba. Hablaba por su celular, ¡y por mi querida madre, que parecía hablar con la misma discreción que cuando hablaba con mi ex por teléfono en aquellos tiempos! El disimulo… la apariencia… el disimulo… Se veía más vieja, como yo me veo ahora. También más gorda; igual a la imagen de mí en el espejo. Pero una cosa sí fue consistente con el pasado… su mirada de rencor cargada de coraje…
Y recordé aquella vez en que me acerqué a despegar los remanentes de la nota que había colocado en la puerta una hora antes… “Fulano no estará disponible para reuniones esta noche.“… Extendí mi mano y la retiré al instante… “¡¡¡Qué carajo es eso!!!!“… Sentí una fuerza repelente, una energía poderosa, un estremecimiento de pies a cabeza, como una descarga eléctrica. Era como si entre aquellos pedazos de papel y yo mediara una entidad intangible cargada de una energía que no podía explicar. Tuve que dar un salto y retirar mi mano. Una compañera que pasaba junto a mí me preguntó preocupada si me había pasado algo. Le dije que sí, que había tenido esta sensación tan extraña… Fue entonces cuando capturé la esencia de lo que me había ocurrido. El papel fue razgado… por eso los remanentes con tape en las esquinas… El papel fue razgado con furia, con coraje… La nota llevaba mi firma… “Fulano no estará disponible para reuniones esta noche.“… firmaba yo.
Esta noche, la mirada cargada no tenía la misma fuerza que la entidad intangible de entonces. Pero guardaba el mismo rencor, la misma furia con que arrancó los pedazos de papel aquella noche. Diez años han pasado desde entonces. Quise saludar, pero su mirada cargada de rencor no me lo permitió. Seguí mi camino sin intentarlo.
La mujer sigue aún hoy fiel al encubierto. Tal vez porque fui yo la causa de todos sus males. O tal vez porque fui yo la razón de su infortunio. O tal vez porque fui yo la culpable de que hubiese sido descubierta… o de que nunca se casara… o de que no tuviera hijos… o de que siga aún dando vueltas en la tumba de ese entierro.
O quizá porque en su interior profundo, allí donde reside su intangible, simplemente reconoce su infortunio como el mío y llora por dentro.