Virtual ha sido mi vida desde que la reconozco.  El mundo de afuera y mi mundo de adentro.  ¿Cuál es real? ¿Cuál tiene existencia propia? En una ocasión me dijeron que la línea de mi mano marcaba una dualidad; dos vidas paralelas.  Nunca entendí ese mensaje.  Tal vez sino hasta hace poco comenzó a tener sentido. Yo creo que mi mano se quedó corta en las vidas que me cuenta.

Recientemente estuve en una charla de un viejo amigo, sobre “Second Life”.  ¿Por qué los seres humanos nos interesamos por participar de estos pseudo-mundos?  ¿A caso no basta con la imaginería que llena nuestras vidas a diario?  A veces siento que toda la vida es eso mismo, imaginería.  Es como si viviésemos en mundos múltiples y parelelos en el espacio, pero no en el tiempo.  Es como si el espacio se nutriera de diversos tiempos.  Por ejemplo, hay experiencias que se han congelado en un tiempo y no progresan a la par que el tiempo cronológico.  Y me veo a mí misma siendo aún joven y amando igual, a pesar del tiempo.  Imagino el pasado como imagino el futuro e imagino el presente. Y todos esos tiempos convergen en un solo espacio, que soy yo.  Y no tengo certeza de que mi entorno no me pertenezca de igual manera.  ¿Y qué si todo es un invento de mi mente?  Y el dominio de mis sueños.  Ese otro mundo abstracto que me forma.  ¡Cómo se entrelaza con mis otros mundos! Y los confunde y los estimula.

Yo creo que la realidad es una manifestación del tiempo.  Ese don del cual renegamos cada vez que aspiramos a la inmortalidad, como los dioses.  ¿Puedo considerar la realidad sin tiempo? No lo creo. No hay realidad sin tiempo.  Pero el tiempo es independiente de la realidad.  Así que construimos tiempos, no realidades.  Los avatares en Second Life viven en otros tiempos, no en otras realidades.

Avatares en mi laberinto

Avatares en mi laberinto

¿Puede alguien ayudarme a salir de este nuevo laberinto?

Puerto Rico

Puerto Rico

15 de diciembre de 2008

Hoy recibí un correo de una antigua amiga donde me decía que Narciso Rabell había muerto el pasado noviembre de 2008 en Praga. Una parte de mí encontró su fin. En estos momentos tengo un intenso deseo de llorar por ese amigo de antes. Es lo menos que puede merecerse. La distancia y los años no hicieron diferencia. ¿Por qué la muerte siempre nos invade de esta forma? No se si lloro por la pérdida de él o por la pérdida de mis años jóvenes. Pero tengo ahora mismo una gran tristeza que pensaba que no tenía.

Narciso Rabell, el ideólogo de la revolución armada en Puerto Rico. Filiberto se adelantó a tu muerte. ¡Cómo se admiraban mutuamente! Fueron hermanos de lucha. Él optó por la lucha armada clandestina y tú por la lucha armada popular. Dos caminos; dos vertientes. El MIRA se deshizo y surgieron el PSR y Los Macheteros como formas de lucha. ¿Qué sentiste cuando te enteraste de su muerte? ¿Acaso lograste imaginar la tuya?

Filiberto murió aquí como un héroe. Viejo, enfermo, retirado, pero aún así, la cizaña del sistema no lo dejaría en paz. Pero su espectacular muerte lo convirtió en un héroe. Los jóvenes vistieron camisetas de Filiberto. No sabían quién era, estaban sorprendidos de que existiera un hombre como éste en nuestra Isla, no sabían de sus hazañas, ni disfrutaron de ver los aviones viejos volar, pero vistieron sus camisetas. Los Macheteros desaparecieron antes que él y aún después dejaron de existir. El sistema lo sabía; sabía que no representaba ninguna amenaza a sus propósitos, pero él era su espina clavada en su pie imperialista. Su presencia les avergonzaba; su existencia les molestaba. Y como torero lleno de vanidad, supremacía y orgullo, clavó su espada contra el toro ya casi moribundo.

¿Y tú, mi querido amigo y maestro? ¿Dónde quedó tu gloria? ¿Dónde quedó tu estirpe? Tu acercamiento difícil, ideológicamente correcto en ese entonces, resultó ser políticamente incorrecto. En eso te pareciste a Filiberto. Ambos políticamente incorrectos. Ni la lucha clandestina ni la lucha popular echaron raíces en nuestro pueblo adoctrinado por el coloniaje del Imperio. Las copias de los modelos de las luchas clandestinas de América Latina no sirvieron para Puerto Rico. Ideológicamente correctos; políticamente incorrectos. Y el abismo político los fue separando de la base del pueblo. Él por convertir su lucha en una focalista; tú por ampararte en el “lumpen proletariado” para organizar y desarrollar tu lucha. Realmente, frente a tus circunstancias de vida, no podías hacer otra cosa. Al final, el sistema capitalista-imperialista contra el cual luchaste te ganó la batalla. Primero te encerró en el alcohol. Tu inteligencia se sumergía día a día en ese veneno líquido y tu vida personal se afectaba. Las presiones eran muchas. Tu esposa y tus dos hijos en la entonces Checoslovaquia, apartados de ti; la otra mujer que te amaba con tu otro hijo en Puerto Rico, pero en categoría de ser la segunda, en espera de que Halina volviese a rencontrarse contigo. Llevabas los cargos legales heredados del MIRA, que optaste por afrontar en Corte, manteniendo una presencia visible para los medios. Filiberto optó entonces por la clandestinidad y se perdió en las penumbras del focalismo. Segundo, el Imperio te dio la absolución de los cargos, pero te encerró detrás de las barras de tu negocio de licorería. Vigilado a toda hora, hostigado constantemente, reprimido en tus movimientos, la no-clandestinidad se hizo cada vez más difícil. Fue allí donde te conocí, cuando todavía las puertas aún se mantenían abiertas y los jóvenes curiosos y afrontados nos aproximábamos a conocerte.

Mis amigos te llamaban “el Hombre”, cuando querían referirte. Allí compartíamos y teníamos discusiones y tertulias, y en ocasiones me diste a leer algún escrito porque querías saber mis reacciones antes de que lo publicaras en “Ira Popular”. Así me demostrabas tu aprecio. Aprendimos mucho de ti. Te admirábamos por tu conocimiento y dominio del marxismo-leninismo, por tu disposición al sacrificio por la lucha en pro de nuestra independencia y de la lucha por el socialismo en Puerto Rico. Tu palabra era luz para nuestros ojos y oídos jóvenes. Y muchos de nosotros estuvimos dispuestos a hacer los mismos sacrificios que tú hacías por la misma causa.

Muchos camaradas de entonces sufrieron contigo la represión extrema. Los agentes encubiertos allanaban sus casas y las tiroteaban; dañaban sus propiedades y pertenencias; ponían en peligro sus familias, incluyendo a sus niños pequeños; llegaron a perturbar sus relaciones matrimoniales; la vida se les hacía muy difícil. Tu ser reflejaba el sufrimiento, ahora que lo miro en la distancia que traza el tiempo. El alcohol te consumía y tu personalidad se hacía a veces insoportable. Finalmente te permitieron traer a tu familia desde Checoslovaquia. Y aún así, la vida no fue fácil para ti y los tuyos. El cáncer causó estragos en la vida de Halina. Ella no pudo ejercer su profesión como economista. Su vida se convirtió en una de ama de casa regular. ¡Su talento e inteligencia atados por las circunstancias! El ajuste a la vida en Puerto Rico para una familia checa no fue fácil. La vida se te hizo insoportable.

Ya para ese entonces había cortado toda comunicación contigo. Mi vida había tomado otros rumbos. Hacía ya varios años que sabía de ti de rebote, por medio de algún conocido. Me cuentan que vino el rompimiento y desarticulación del PSR. Me dicen que intentaste reconstruirlo, pero la ideología no era la misma, las gentes no eran las mismas, las actitudes no eran las mismas. El “grupúsculo” del PSR, denominado así por tus adversarios de la misma izquierda, se había reducido aún más y se alimentaba por jóvenes sin mucho conocimiento y conciencia de clase; me cuentan que se alimentó de la ideología del “lumpen proletariat”. Cuán cierta sea esta interpretación de esos sucesos, no tengo constancia. Solamente sé que entonces tomaste la decisión y te fuiste a vivir a Praga. Tu familia se dividió otra vez, quedando tu hijo mayor acá en Puerto Rico. Imagino que tu vida allá sería totalmente diferente. Espero que haya sido mucho mejor para ti que tu vida en Puerto Rico y hayas encontrado parcialmente la paz.

Un día me sorprendiste, confesando tu amor por mí. Gracias por aquél gesto. Lamento no haber podido reciprocar de igual manera ese sentimiento. Sentí gran admiración por tu persona política. Aún lo siento. Te guardé un gran cariño y un gran respeto. Todavía los guardo. Espero que la Historia que reinventamos los seres humanos en su forma escrita algún día reivindique la tuya personal y te reconozca como la gran figura que combatió por la independencia y el socialismo para Puerto Rico. Algún historiador surgirá para retratar esta otra historia guardada de nuestra Patria, la historia del movimiento de la izquierda clandestina en Puerto Rico, los CAL, los MIRA, el PSR, Los Macheteros, así como la historia de todos los movimientos de izquierda no clandestinos que les siguieron. ¡Que la Historia reinventada no quede en manos de las interpretaciones viciadas y tergiversadas de las carpetas montadas por los agentes encubiertos! ¡Que tus sacrificios y los sacrificios de nuestros camaradas de entonces no hayan sido en vano!

Hoy muchos no asumimos las mismas posiciones de entonces.  Somos buenos hijos de nuestra Historia, de nuestro momento histórico… Hemos cambiado; pensamos y actuamos en formas diferentes a entonces.  Otros más hemos continuado creyendo y siguiendo esta ideología… ¡y en el proceso la hemos transformado!  Pero no negamos que lo que hoy somos tuvo su base en ese entonces… ¡y tú el maestro!

¡Descansa en paz, querido amigo!

Ahora resulta que Osama Bin Laden tenía razón:  ¡ésta es una guerra del Ji-had!  La señora Palin, candidata a la vicepresidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, ha establecido que la Guerra en Irak es una guerra avalada por Dios. ¡Javé se enfrenta a Alá! ¡Es una Guerra Santa! Entonces el ataque a las Torres Gemelas, que tanto han dolido, se justifica.  Si Osama Bin Laden tiene algo que ver con ese ataque, entonces Alá lo justifica… Como Javé justifica a Bush.

¿Es posible creer en absurdos como estos?

Es intersante ver cómo se manejan las relaciones entre las personas.  Con lo complejas que son, hoy quiero conversar solamente de un aspecto de ellas.  El que se refiere a las fidelidades.

Esta noche me encontré casualmente con la amante de mi ex-amante.  Posiblemente ya sea también ex-amante, como yo lo soy ahora y lo era para ese entonces.  O puede que ahora sea amante al encubierto; quiero decir, aún más que antes, porque según supe esa relación fue descubierta hace varios años atrás.  Puede que luego de eso, haya sido bajada al nivel del entierro… Ese nivel de las relaciones restrictas a entornos específicos de encuentros sexuales carentes de intimidad real… Bueno, realmente no lo se.

¡Anyway!, como diría mi tía Aida,  el asunto es que estaba ella sentada a la entrada de donde yo entraba. Hablaba por su celular, ¡y por mi querida madre, que parecía hablar con la misma discreción que cuando hablaba con mi ex por teléfono en aquellos tiempos!  El disimulo… la apariencia… el disimulo… Se veía más vieja, como yo me veo ahora.  También más gorda; igual a la imagen de mí en el espejo.  Pero una cosa sí fue consistente con el pasado… su mirada de rencor cargada de coraje…

Y recordé aquella vez en que me acerqué a despegar los remanentes de la nota que había colocado en la puerta una hora antes… “Fulano no estará disponible para reuniones esta noche.“… Extendí mi mano y la retiré al instante… “¡¡¡Qué carajo es eso!!!!“… Sentí una fuerza repelente, una energía poderosa, un estremecimiento de pies a cabeza, como una descarga eléctrica.  Era como si entre aquellos pedazos de papel y yo mediara una entidad intangible cargada de una energía que no podía explicar.  Tuve que dar un salto y retirar mi mano.  Una compañera que pasaba junto a mí me preguntó preocupada si me había pasado algo.  Le dije que sí, que había tenido esta sensación tan extraña… Fue entonces cuando capturé la esencia de lo que me había ocurrido.  El papel fue razgado… por eso los remanentes con tape en las esquinas… El papel fue razgado con furia, con coraje… La nota llevaba mi firma… “Fulano no estará disponible para reuniones esta noche.“…  firmaba yo.

Esta noche, la mirada cargada no tenía la misma fuerza que la entidad intangible de entonces.  Pero guardaba el mismo rencor, la misma furia con que arrancó los pedazos de papel aquella noche.  Diez años han pasado desde entonces.  Quise saludar, pero su mirada cargada de rencor no me lo permitió.  Seguí mi camino sin intentarlo.

La mujer sigue aún hoy fiel al encubierto.  Tal vez porque fui yo la causa de todos sus males.  O tal vez  porque fui yo la razón de su infortunio.  O tal vez porque fui yo la culpable de que hubiese sido descubierta… o de que nunca se casara… o de que no tuviera hijos… o de que siga aún dando vueltas en la tumba de ese entierro.

O quizá porque en su interior profundo, allí donde reside su intangible, simplemente reconoce su infortunio como el mío y llora por dentro.

Es algo tonto.  Algo que debí haber aprendido hace mucho tiempo atrás.  Aún cuando no tuviese conciencia pude haberlo aprendido.  Pero no lo hice.  Tuve que aprenderlo anoche,  específicamente anoche.  En otro momento no hubiese sido significativo.  Por eso tuvo que ser anoche; no antes.

¿Que fue lo que aprendí?  Voy a intentar expresarlo en palabras.  Porque originalmente no me llegó el entendimiento mediante la palabra.  Realmente originalmente me llegó el entendimiento mediante el sentimiento.  Y eso es lo extraño.  El corazón (dicen que ahí radica este tipo entendimiento) no se supone que sea capaz de capturar ideas, sino emociones.  Por eso creo que tardé tanto tiempo en entenderlo.  El corazón es un poco torpe para este tipo de cosas.  El corazón se escapa y toma rumbos propios.  No se controla.  Mejor dicho, no lo puedo controlar con la facilidad que controlo mis pensamientos.  Así es su naturaleza.  Y esa mi contradicción.

Realmente anoche aprendí que no importa lo que intentes, el esfuerzo que hagas, el empeño que pongas, siempre habrá gentes que triunfan no importa lo que hagan para merecerse lo contrario.  Los otros seres humanos que les rodeamos vivimos para su complacencia; para su seguridad.  Nosotros los apoyamos, les atribuímos valor a sus acciones, a sus intervenciones, a sus gestos, a sus intereses, a sus sueños.  Creamos para ellos el nicho donde se sienten cómodos y ejecutan a sus anchas.

Son gentes que te hablan de creencias, pero no se amparan en principios.  Son gentes que te hablan de ser auténticos, pero nunca levantan una voz de protesta.  Dicen ser justos, pero temen a la autoridad.  Son dadivosos con todos, no discriminan con nadie sus dádivas o favores, complaciendo a todos por igual.  Así se ganan la confianza y el afecto.  ¡Y ahí está el enganche perfecto!  Volvemos al punto de origen: el corazón se mete entremedio. Y como el corazón no está hecho para pensar, se nos nubla la razón y tomamos lo vicioso por bueno.  ¡Y qué difícil es que entonces se pueda entender con la razón!

Por años he batallado contra las injusticias… pero sabes de qué también me di cuenta anoche, de que aquellas injusticias más injustas eran las que se cometían contra mí misma.  ¡Otra vez el juego del corazón!  Me quiero más que a nadie, por eso lo injusto contra mí es superior a cualquiera otra injusticia.  Y soy egoísta y eso me nubla otra vez la razón.

No importa dónde radique la razón, el corazón controla realmente.  Ellos seguirán siendo amados, aunque sean injustos; seguirán siendo admirados, aunque sean cobardes; seguirán triunfando, aunque sean torpes.  Y todos nosotros seremos los reponsables.  Y ellos serán felices por siempre.  Y Dios no tendrá nada que ver en todo esto.

Si mi vida es un laberinto, tal vez sea porque el mundo que me rodea también lo es… Ven, mira conmigo la intrincada red que nos espera..

¿Cómo surgió este título?   Realmente no lo pensé, un pop-up abrió en mi ventana cerebral .. ¡y mi propia imagen me cautivó! Así nació la idea de este espacio.  Sin intención.  Sin pensamiento mediador.  Como una imagen, más que como una idea. Como han llegado y salido muchas cosas a mi vida.  Sin aviso de llegada.  Sin aviso de despedida.